Proceso artesanal de elaboración de una joya de CUATA Jewelry en su taller en México

Hay historias que se llevan puestas: dentro del universo de Elena e Isabel, fundadoras de CUATA Jewelry

Hay historias que no comienzan con un producto, sino con un gesto.

Dos manos que moldean. Dos miradas que se buscan incluso antes de las palabras. Dos niñas que, en lugar de limitarse a observar el mundo, lo olían, lo tocaban y lo probaban casi como si intentaran descubrir de qué materia estaba hecha la realidad.

Es a partir de esa imagen que nace nuestro encuentro con Elena e Isabel Moncada, fundadoras de CUATA Jewelry, un proyecto mexicano de joyería contemporánea donde el metal, la madera, la porcelana, las astas de venado, el cuarzo y el bronce dejan de ser simples ornamentos para convertirse en presencia. Memoria. Lenguaje.

CUATA es una marca, por supuesto. Tiene una tienda oficial, colecciones que pueden adquirirse y piezas pensadas para llevarse, elegirse y desearse. Pero antes que cualquier otra cosa, es una relación: la de dos hermanas gemelas que transformaron una comunicación casi instintiva en un vocabulario estético perfectamente reconocible.

Para contar su historia decidimos no limitarnos al formato clásico de una entrevista. Sus respuestas merecían espacio propio, porque en ellas ya habita todo: la infancia, la materia, la rebeldía, el oficio artesanal, México, el símbolo, el cuerpo y la identidad.

Nuestra primera pregunta no podía sino regresar al origen.

Elena e Isabel Moncada, fundadoras de CUATA Jewelry, trabajando en bocetos en su taller en México
Elena e Isabel Moncada en el taller de CUATA Jewelry, entre bocetos, materia e intuiciones compartidas.

Antes de CUATA existían dos niñas que aprendían a leer el mundo con las manos

«Al ser gemelas, cuando éramos niñas construimos entre nosotras una especie de burbuja difícil de penetrar para el mundo exterior. Y aunque nos encontrábamos bien en nuestro propio mundo, nos resultaba difícil integrarnos al entorno; éramos aparentemente distraídas, pero con hiperfoco en lo que nos interesaba; por ejemplo, olíamos todo: personas, telas, muros, objetos, y lo palpábamos meticulosamente; también lo observábamos y, además, lo probábamos, lo que nos hacía parecer bichos raros.»

Hay algo profundamente revelador en esta confesión. Oler un muro, palpar un objeto, intentar leer una tela con el cuerpo antes que con la mente: quizá sea precisamente ahí donde comenzó esa conversación silenciosa con la materia que todavía hoy atraviesa cada una de sus creaciones.

«Éramos muy inquietas, hiperactivas y rebeldes. Lo que nos podía poner en paz era crear cosas con las manos, porque eso nos estimulaba y nos unía. Confeccionábamos vestidos de tela para nuestras muñecas y modelábamos figuras de barro y de papel maché. Construíamos la casa de las muñecas y los mueblecitos con pequeñas tablas, clavos, palitos, hilos, telas y otros materiales que encontráramos por ahí. Había una necesidad constante de transformar la materia e imaginar posibilidades en ella y poco a poco fuimos profundizando en técnicas más complejas.»

Aquella necesidad nunca desapareció. Simplemente se volvió más adulta, más consciente y más técnica. El juego se convirtió en oficio. El refugio se convirtió en taller.

Trabajo artesanal de una joya en el taller de CUATA Jewelry en México

Elena e Isabel: dos personalidades distintas que construyeron un mismo lenguaje creativo

Sin embargo, Elena e Isabel no son una copia la una de la otra. Su mayor fortaleza nace precisamente de esa polaridad.

«Elena tiene una energía más silenciosa y contemplativa; Isabel es más intensa, activa y expansiva. A veces decimos que, si fuéramos sabores, Elena sería chocolate: dulce y amarga; e Isabel sería algo agripicante y salado. Crecimos entendiendo el mundo desde esa dualidad: oposición y complemento a la vez.»

Es una de las imágenes más bellas de toda la entrevista. El chocolate y la sal. El silencio y la expansión. La miniatura y la arquitectura. De esa tensión nace CUATA, palabra que en México se utiliza cariñosamente para referirse a una hermana gemela. Un nombre que no busca distancia, sino pertenencia.

«Existe entre nosotras una forma de comunicación casi telepática, difícil de explicar, pero que sigue completamente viva en nuestro proceso creativo. Muchas veces sabemos lo que la otra piensa o siente antes de que lo diga.»
Elena e Isabel Moncada trabajando juntas en una joya en el taller de CUATA Jewelry en México

Cómo nace realmente CUATA Jewelry: una historia que comenzó mucho antes de 2014

Cuando les preguntamos cuándo nació realmente CUATA, su respuesta rompe con la idea de un comienzo preciso.

« CUATA no nació de un momento único ni repentino, sino de un proceso que llevaba existiendo toda nuestra vida. Con el tiempo, cada una desarrolló su propio camino profesional y oficios propios. Elena profundizó en la joyería y la orfebrería, mientras que Isabel desarrolló su trabajo en el arte y el diseño de luminarias y objetos de gran formato. Aunque trabajábamos en disciplinas distintas, siempre hubo un diálogo creativo muy profundo entre nosotras que nos llevaba a colaborar la una con la otra.»

Oficialmente, CUATA nació en 2014, cuando decidieron reunir nuevamente sus lenguajes, sus técnicas y su visión del mundo en un solo proyecto. Sin embargo, la definición más hermosa la ofrecen ellas mismas.

«Más que construir una marca en sentido comercial, sentimos que estábamos creando un espacio donde podían convivir todas nuestras pasiones: la transformación de la materia, el cuerpo, el símbolo, el oficio artesanal, la dualidad y nuestra relación como hermanas gemelas.»

A partir de ahí, la joya deja de ser un accesorio. Se convierte en una forma de pensamiento.

Bocetos de joyería sobre la mesa de diseño del taller de CUATA Jewelry en México

Cuando la joya deja de ser un accesorio y se convierte en una forma de pensamiento

Al observar piezas como los Aretes Pyxis, forjados y martillados a mano en bronce con baño de plata o de oro de 24 quilates, o collares como Hydria, Kin y Tamin, se comprende que la estética de CUATA no persigue una perfección pulida. Busca la huella. La tensión. La marca que deja la mano sobre la materia.

Y precisamente cuando hablamos del proceso creativo, Elena e Isabel nunca separan la idea de la materia.

«A veces, es una emoción que se plasma en un boceto o en una serie de bocetos. Otras veces es una exploración directa del material que despierta una intuición inmediata o una forma que aparece antes incluso de entender completamente su significado. Pero en el fondo creemos que nuestras piezas nacen sobre todo de la memoria emocional y de la relación física con la materia.»

No diseñan objetos silenciosos. Construyen presencias.

«No pensamos las piezas únicamente como objetos decorativos, sino como cuerpos cargados de presencia, intención y significado. Muchas veces, una colección comienza con una investigación conceptual que culmina con el efecto del proceso manual: cuando el metal recibe el golpe, cuando la textura surge, cuando un material orgánico revela una forma inesperada o cuando dos o varios elementos se conjugan para lograr una composición en equilibrio.»

Quizá ahí resida la clave de todo: la joya entendida como un cuerpo. No como algo que se añade a la persona, sino como algo que dialoga con ella.

Aretes Pyxis dorados de CUATA Jewelry, joyería artesanal mexicana en bronce con baño de oro de 24k
Aretes Pyxis de CUATA Jewelry: bronce con baño de oro de 24k, trabajado a mano entre forja y martillado, con un acabado satinado ligero y contemporáneo.

Cómo nace una joya de CUATA: cuando la materia se convierte en memoria

Las formas que aman son orgánicas, fluidas, aparentemente sencillas, pero nunca débiles.

«Nos sentimos naturalmente atraídas por las formas orgánicas y las líneas fluidas, que parecen simples, pero transmiten fuerza en cierta imperfección contenida. Nos interesa mucho trabajar desde la síntesis, pero sin perder presencia emocional ni material.»

Después aparecen las texturas, las superficies irregulares, las marcas del martillo, la forja y el desgaste. Todo aquello que muchos intentarían borrar, ellas lo conservan.

«Nos interesa que el proceso permanezca visible: las marcas del martillo, las superficies irregulares, las huellas de la forja o del desgaste. Creemos que ahí reside parte de la honestidad de un objeto.»
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YUNQUE: la colección que narra la transformación a través del metal

La nueva colección, YUNQUE, lleva esta visión a su punto más intenso. Su nombre significa yunque. Y eso, por sí solo, ya dice mucho.

«YUNQUE, nace de una profunda reflexión sobre la transformación, la manera en que la experiencia humana nos moldea sin destruir necesariamente nuestra esencia. El yunque es la herramienta de la forja; el trabajo se realiza golpe a golpe, con paciencia y tesón. La forma no surge por accidente, sino como resultado de la intención, la resistencia y el tiempo.»

En esta colección, el golpe no representa la violencia. Representa el tránsito. Es aquello que obliga a la materia a revelarse.

«El yunque es el lugar donde la materia recibe el golpe y decide no quebrarse; se transforma. Existe algo muy poderoso en esa idea: entender que la fuerza no siempre implica destrucción, sino también la posibilidad de revelar una nueva forma.»

Es una frase que permanece adherida a quien la lee. Como una joya, precisamente.

Desde el punto de vista formal, YUNQUE trabaja con plata, bronce, porcelana, asta de venado, cuarzo y ébano, combinando técnicas como la forja, el martillado, el tallado y el modelado en porcelana. El resultado es una colección que parece interrogar la propia resistencia humana: ¿qué permanece de nosotros después de un impacto? ¿Qué forma adoptamos cuando la vida nos va modelando?

Forja manual de metal en el taller de CUATA Jewelry en México

México, la naturaleza y los animales simbólicos: las raíces culturales de CUATA Jewelry

México entra en este relato sin convertirse jamás en folclor. Es raíz. No decoración.

Cuando hablamos del mundo animal y de la naturaleza, Elena e Isabel responden con una delicadeza que revela la profundidad de su imaginario.

Collar Muntjac de CUATA Jewelry con asta de venado y acabado dorado, llevado sobre una blusa de lino
Collar Muntjac de CUATA Jewelry: el asta de venado se encuentra con el bronce bañado en oro de 24k, trabajado a mano entre forja y martillado.
«La naturaleza y el mundo animal, más allá de ser elementos decorativos, son territorios simbólicos profundamente conectados con el cuerpo, el instinto y la memoria. En México existe una relación muy particular entre la naturaleza, el símbolo y la espiritualidad. Muchas culturas originarias entendían al animal no solo como una presencia física, sino también como una energía, un reflejo de ciertas fuerzas humanas y cósmicas. .»

No buscan reproducir literalmente referencias tradicionales. Las atraviesan desde una mirada contemporánea.

Por ello, materiales como el asta de venado, el cuero, la madera, la crin y los capullos de seda adquieren un protagonismo tan significativo.

«Son materiales vivos, imperfectos, que envejecen, cambian y mantienen una relación directa con el tiempo y la naturaleza. Nos interesa que esa presencia permanezca perceptible en las piezas.»

Dentro de esa misma visión se inscriben creaciones como Tamin, donde el asta natural de venado dialoga con el bronce, así como collares como Muntjac, Kin, Sámbar y Mazama: nombres que evocan animales guía, presencias simbólicas capaces de establecer un puente entre el cuerpo humano, la naturaleza y una memoria ancestral.

Asta de venado y elementos metálicos utilizados en las piezas de CUATA Jewelry en México

Por qué quien elige una joya de CUATA busca mucho más que un accesorio

Y entonces llega la pregunta más cercana al lector: ¿qué busca realmente una persona cuando elige CUATA?

«Pensamos la joya como un lenguaje silencioso. Algo capaz de comunicar presencia, sensibilidad o identidad sin necesidad de explicarse demasiado. Muchas veces las personas eligen una pieza porque sienten que hay algo en ella que refleja una parte de sí mismas.»

Aquí el relato se vuelve profundamente concreto. Porque CUATA no habita únicamente el territorio del arte. También vive en el gesto cotidiano de quien elige un par de aretes, un anillo, un collar o una superficie destinada a dialogar con la piel.

«Creemos que quien conecta con CUATA no busca únicamente un objeto para complementar una imagen, sino algo con lo que pueda identificarse. Nuestras piezas suelen atraer a personas que sienten afinidad por el arte, el diseño, la expresión personal y los objetos que cargan con un valor simbólico o humano.»

Para continuar este encuentro más allá de la lectura, su tienda oficial es el lugar donde este relato adquiere una forma que puede llevarse sobre el cuerpo. Su Instagram, en cambio, permite acercarse a la dimensión más viva de la marca: el taller, las superficies, las manos y el proceso creativo.

Anillos de diseño contemporáneo de CUATA Jewelry sobre la mesa de trabajo en su taller en México

Dos hermanas, una sola visión: el diálogo que continúa desde hace toda una vida

Hacia el final de nuestra conversación, Elena e Isabel regresan al punto del que parece haber nacido todo: su dualidad.

«Aunque compartimos una sensibilidad muy profunda y un lenguaje intuitivo construido desde la infancia, nuestras personalidades son muy distintas, y eso siempre ha sido una fuerza creativa dentro de CUATA. Muchas veces una impulsa aquello que la otra contiene. Existe una tensión constante entre espontaneidad y perfeccionismo, entre estructura y libertad.»

Su taller, cuentan, es también un espacio ritual: música, silencios, observación, abrazos y manos que se buscan para disipar la tensión y continuar. No hay nada romántico en el sentido superficial de la palabra. Hay trabajo. Hay fricción. Hay la paciencia de quien entiende que crear en conjunto significa también aprender a detenerse.

«Somos dos individualidades distintas, pero al mismo tiempo existe un tercer territorio creativo que sólo aparece cuando trabajamos juntas. Tal vez CUATA nace precisamente en ese espacio intermedio.»

La casa que Elena e Isabel nunca han dejado de construir

Quizá, después de todo, CUATA sea exactamente eso: un espacio intermedio.

Entre el arte y la joyería.

Entre el cuerpo y el objeto.

Entre México y el mundo.

Entre la memoria y la materia.

Entre dos hermanas que nunca han dejado de construir juntas su casa invisible.

Al final permanece la imagen con la que comenzó esta historia: dos niñas que recogían telas, clavos, pequeños trozos de madera y diminutos fragmentos del mundo para transformarlos en algo nuevo.

Solo que hoy esos materiales son plata, bronce, porcelana, cuarzo, ébano, madera y asta de venado.

Y aquella casa ya no es una casa para muñecas.

Es un universo.

Un universo hecho de historias que se llevan puestas.

Créditos de fotografía
Fotografías de taller y proceso: Equipo de marketing de CUATA Jewelry.
Imágenes de los Aretes Pyxis y del Collar Muntjac: sitio oficial de CUATA Jewelry.
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Veronica Sterrantino

23.9.2026